2o Domingo de Adviento Ciclo A

 

Antífona de Entrada

Pueblo de Sión: mira al Señor que viene a salvar a todos los hombres y dejará oír la majestad  de su voz para alegría  de su corazón.

 

No se dice «Gloria».

 

Oración Colecta

Que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor, prepararnos a la venida de tu Hijo; y que la sabiduría que viene del cielo, nos disponga a recibirlo y a participar de su propia vida. Por nuestro Señor Jesucristo...

Amén.

 

Liturgia de la Palabra

 

Primera Lectura

Les hará justicia a los pobres

Lectura del Libro del profeta Isaías

11, 1-10

En aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de piedad y temor de Dios.

No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia  al desamparado y con equidad dará sentencia al pobre; herirá al violento con el látigo de su boca, con el soplo de sus labios matará al impío. Será la justicia su ceñidor, la fidelidad apretará su cintura.

Habitará el lobo con el cordero, la pantera se echará  con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchachito los pastoreará. La vaca pastará  con la osa y sus crías vivirán juntas; el león comerá paja con el buey.

El niño jugará sobre el agujero de la víbora,  la creatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No hará daño ni estrago por todo mi monte santo, porque así como las aguas colman el mar, así está lleno el país de la ciencia del Señor. Aquel día la raíz de Jesé se alzará como bandera de los pueblos: la buscarán todas las naciones y será gloriosa su morada.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Salmo Responsorial

Del Salmo 71

Ven, Señor, rey de justicia y de paz.

Comunica, Señor, al rey tu juicio, tu justicia  al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá

en defensa de tus pobres.

Ven, Señor,  rey de justicia y de paz.

 

Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De mar a mar se extenderá  su reino y de un extremo al otro de la tierra. 

Ven, Señor,  rey de justicia y de paz.

 

Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.

Ven, Señor,  rey de justicia y de paz.

 

Que bendigan al Señor eternamente, tanto como el sol viva su nombre. Que sea la bendición del mundo entero y lo aclamen dichoso las naciones. 

Ven, Señor,  rey de justicia y de paz.

 

Segunda Lectura

Cristo salvó a todos los hombres

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

15,4-9

Hermanos: Todo lo que en el pasado ha sido escrito en los libros santos, se escribió para instrucción nuestra, a fin de que, por la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza.

Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda a ustedes vivir en perfecta armonía unos con otros, conforme al espíritu de Cristo Jesús, para que, con un solo corazón y una sola voz alaben a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.

Por lo tanto, acójanse los unos a los otros como Cristo los acogió a ustedes, para gloria de Dios. Quiero decir con esto, que Cristo se puso al servicio del pueblo judío, para demostrar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechos por los patriarcas y que por su misericordia los paganos alaben a Dios, según aquello que dice la Escritura: “Por eso te alabaré y cantaré himnos a tu nombre”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos, y todos los hombres verán al Salvador.

Aleluya.

 

Evangelio

Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo

3, 1-12

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: «Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca». Juan es aquel que anunció el profeta Isaías hablaba cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.

Juan usaba un vestido de piel de camello, con un cinturón de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda?  Hagan ver con obras su arrepentimiento. Y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se ha arrepentido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno ni de quitarle las sandalias. Él los  bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue».

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración de los Fieles

Celebrante:

Salgamos al encuentro del Señor, que se acerca a nosotros con designios de paz y presentémosle confiados nuestra plegaria:

A cada petición respondemos: Ven, Señor, no tardes.

 

Para que la Iglesia viva alegre sin inquietarse por nada y,  llena  de esperanza,  crea que el Señor está cerca de ella, roguemos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

 

Para que nuestra comunidad con la ayuda de Dios, goce de seguridad, de alegría y de paz,  roguemos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

 

Para que el Señor,  con su venida, conforte los corazones abatidos y fortalezca las rodillas que se doblan, roguemos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

 

Para que nuestra fe crea firmemente en los dones que Dios nos promete y, ayudados por la gracia divina, nos dispongamos a recibir  los auxilios que El nos envía,  roguemos al Señor.

Ven, Señor, no tardes.

 

Celebrante:

Escucha,  Dios todopoderoso y eterno nuestras oraciones; suscita en nosotros  el deseo de una verdadera conversión, para que, renovados por el Espíritu Santo, hagamos presente en toda relación humana aquella justicia y aquella paz que la Encarnación de tu Hijo hizo florecer en nuestra tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Liturgia Eucarística

 

Oración sobre las Ofrendas

Que te sean agradable, Señor, nuestras humildes ofrendas y oraciones y que tu misericordia supla la extrema pobreza de nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

Antífona de la Comunión

Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, para que contemples la alegría que te viene de Dios.

 

Oración después de la Comunión

Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos, Señor, a no sobrevalorar las cosas terrenales y a estimar las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.