Acto Mariano

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¿Quiénes somos? - Oración

altMaría, la pobre de Yahveh

ACTO MARIANO

MONITOR: Toda la vida de María fue un “Sí” al Padre y un “Magnificat”, tanto en los grandes momentos de su vida como en aquellos vividos en fidelidad cotidiana al plan del Padre, en su casita de Nazareth.

María la “pobre de Yahveh” tuvo conciencia de su pobreza, la sintió como una gracia y se sintió feliz de que Dios mirara con bondad su pequeñez e iniciara en su pobreza el camino de la redención; eso hizo que se abandonara con libertad, confianza, humildad y disponibilidad en las manos del Padre para que realizara en ella sus planes.

El Magnificat celebra la fidelidad de Dios, la pobreza de María, la predilección del Señor por los humildes, los hambrientos, los pobres.

CANTO: MAGNIFICAT

(Ante una imagen de la Santísima Virgen se va colocando una vela después de cada Ave María.)

Lector 1: María, la pobre de Yahveh, acoge la Palabra del Señor en silencio y siente necesidad de salir para llevarla a su prima Isabel, es la alegría del amor hecho servicio.

Dios te salve María…

(Se coloca una vela)

Lector 2: María no hubiera podido ponerse en camino para servir eficazmente si no hubiera estado desprendida de sí misma. La dicha de la pobreza está en vivir para los otros, con entera disponibilidad, porque la pobreza nos hace totalmente libres para servir.

Dios te salve María…

(Se coloca una vela)

Lector 3:Quien no tiene nada que perder está siempre dispuesto a darse plenamente porque está desprendido de todo, de sí mismo, de lugares y personas; ¡cuántas veces el Señor nos pide esta actitud de pobreza y desprendimiento!

Dios te salve María…

(Se coloca una vela)

Lector 4:Asumir el alma de pobre de María es vivir en serenidad y alegría. La presencia de un pobre, porque es sacramento de Cristo, pacifica y comunica gozo. La pobreza no es agresiva, es siempre una llamada a la conversión y a vivir en Dios por la verdad, la justicia y el amor.

Dios te salve María…

(Se coloca una vela)

Lector 5:Asumir el alma de pobre de María es tener una actitud constante de pobreza  expresada en amor hecho servicio, en la entrega sin medida del tiempo que nosotras mismas necesitamos, de nuestra salud y cualidades, de nuestra persona, pero sobre todo del Dios que vive en nosotras.

Dios te salve María…

(Se coloca una vela)

CANTO: Alma de pobre.

Pueblo de Yahveh, linaje de Jacob,
raza de pobres, del nuevo Israel de Dios.
Dame un alma de pobre, Señor.
 
Pobre, humilde, abierto hacia tu don;
frágil, débil, libre, mendigo de Dios.
Dame un alma de pobre, Señor.
 
De mi bajeza subo hasta tu encuentro,
a un diálogo feliz entre los dos.
Palabra que hace pobre, Palabra que enriquece,
te amo, te busco, te adoro,
Palabra de Dios, Palabra de Dios.
 
Pueblo de Yahveh, linaje de Jacob,
Raza de pobre, del nuevo Israel de Dios.
Dame un alma de pobre, Señor.

MONITOR: Quien es verdaderamente pobre siempre está dispuesto a recibir de Dios lo que Él quiera dar o pedir; siempre está dispuesto a recibir del hermano porque no es autosuficiente y siempre está dispuesto a dar y a enriquecer a los demás con su presencia, con su palabra, con sus actitudes y acciones.

Pidamos al Señor por intercesión de María, nos conceda un corazón de pobre.

TODAS: La vida de María fue sencilla.

LECTOR 1: Concédenos, en este mundo en el que hemos complicado las cosas sin necesidad, no olvidar que la grandeza de nuestra vida no se mide por el esplendor de lo que hagamos, sino por la permanente y escondida fidelidad a nuestra misión.

TODAS: El sí de María cambió la historia.

LECTOR 2: Concédenos Señor, que no olvidemos que también nosotras, si queremos ser fieles a nuestra identidad, tenemos que escribir nuestra propia página en la historia de la salvación.

TODAS: El Magnificat de María hizo derramar sobre el mundo la alegría de la redención.

LECTOR 3: Concédenos vivir a fondo la novedad del Espíritu  y experimentar que la verdadera felicidad está en escuchar la Palabra de Dios y cumplirla como lo hizo Ella.

TODAS: María tiene plena conciencia de que Dios ha sido fiel a sus promesas.

LECTOR 4: Nosotras también reconocemos la fidelidad de Dios a lo largo de toda la historia de nuestro Instituto, queremos también cantar al Señor nuestro Magnificat por la misericordia que ha tenido con nosotras desde nuestra fundación y hasta el momento en que nos encontramos.

ORACIÓN.

María, tú te sentiste feliz porque el Señor miró tu pequeñez y pobreza, alt
Dios hizo cosas grandes en ti…porque fuiste verdaderamente pobre.
Tú acogiste a Cristo, el que vino a evangelizar a los pobres.
Tú acompañaste a Jesús, el Pobre,
cuando iba anunciando la Buena Noticia a los más necesitados.
 
María, tú conociste quiénes eran los pobres de Jesús:
eran los niños, los enfermos, los que no tenían nada, los pecadores.
Tú supiste descubrir quienes eran los pobres.
 
Hoy nosotras necesitamos ser radicalmente pobres,
con una pobreza que sea expresión de caridad.
María, tú que eres la Pobre de Yahveh, danos un corazón sencillo,
un corazón desprendido y generoso,
encendido por el amor a Dios y a los hermanos.
 
Sólo así podremos vivir abiertas al Señor que nos invita a aprender de Él como discípulas para hacer incondicionalmente la voluntad del Padre, como Siervas.

Sólo así podremos estar abiertas a la misión de Hermanas de los más necesitados, de los que no tienen pan ni trabajo, de los que no tienen salud ni libertad,  de los que han perdido la fe y el sentido de la vida, de los que no tienen esperanza, de los que nunca tienen posibilidad de dialogar, de los que viven en dolorosa soledad, de los que nunca han sabido que Dios es amor…

Ayúdanos a comprenderlos y a acercarnos a ellos con generosidad austera, sencilla y humilde. Amén.

Cantemos el Magnificat con nuestra Señora para que ella nos abra caminos de esperanza.

CANTO: Magnificat.